Ago 042011
 

Acabo de empezar a leer este libro de 497 páginas ya que José Manuel Navia nos lo recomendó encarecidamente en el taller que realizaron “Els Amics de la fotografía” de Torroella de Montgrí hace ahora ya algo más de dos años y era algo que tenía pendiente desde entonces.

Se trata de un clásico larvado en el verano de 1936 gracias a una colaboración de un escritor, James Agee y de un fotógrafo, Walker Evans. El libro concentra las experiencias de ambos en su convivencia con 3 familias arrendatarias del sur de Estados Unidos durante la Gran Depresión, viviendo en la más absoluta de las pobrezas.

No voy a hacer un análisis del libro, pues aún no lo he leído. Lo he empezado, pero soy un enfermo de las citas y cuando algo lo considero notable lo remarco.

Considero adecuado la siguiente cita:

Porque en el mundo inmediato todo puede ser discernido por quien sea capaz de discernirlo, y central y sencillamente, sin disecciones científicas ni digestiones artísticas, sino intentando, con la totalidad de la consciencia, percibirlo tal como es: de modo que el aspecto de una calle soleada pueda gritar en su propio corazón como una sinfonía, quizá como ninguna sinfonía sabría hacerlo: y la conciencia entera se traslada de lo imaginado, lo revisable, al esfuerzo de percibir simplemente el cruel esplendor de lo que es.

Por eso la cámara me parece, después de la conciencia sin ayuda y sin armas, el instrumento central de nuestro tiempo; y por eso también siento cólera ante su mal uso (…) sólo conozco a menos de doce personas vivas en cuyos ojos pueda confiar incluso tanto como en los míos.

En este fragmento se habla de una manera directa del poder de la fotografía como un instrumento para mostrar la realidad tal cual es, o no…. si ésta se utiliza perniciosamente…

Sin lugar a dudas es una interesante reflexión, en la que nos confirma la subjetividad extrema en la que sobrevive la fotografía. La fotografía dificilmente pueden ser objetiva, aunque algunas personas -erradas ellas- aún piensen que pueda serlo.

Imágenes aparentemente objetivas -como las de Walker Evans- nos engañan y nos muestran una cruda realidad con un falsa objetividad, distante, suave y a veces cruel, en las que Evans parece que no se implique en la toma de las fotografías pero que consiguen que éstas te queden grabadas en la mente y uno las recuerde casi sin querer.

 

Jun 042011
 
Ayer tuve la oportunidad de hojear un libro que me llamó poderosamente la atención se trata de “Ante el silecio” de Christophe Agou.
Mis reticencias llegaban porqué se trata de un libro premiado, con el lema: “European Publishers Award for Photography 2010″.
©Christophe Agou
No digo que no sea justo vencedor, no conozco el resto de trabajos pero todo lo que huele a premios me provoca reticencia.
©Christophe Agou
De todos modos tengo que reconocer que me rendí al trabajo de este fotógrafo francés, del que solo sabía que pertenece al celebrado colectivo In-public.
©Christophe Agou

Mejor dejaré que sea él mismo quién explique de que va el libro y cuales eran sus motivaciones a la hora de realizarlo, tan solo suscribir el poderoso sentimiento que provocan observar sus imágenes al ávido lector de experiencias y anotar que al “leer” el libro me vino a la mente el trabajo que Walker Evans realizó junto a James Agee para documentar la pobreza extrema durante la depresión estadoudinense de principios de los años 30.
El tiempo pasa pero hay cosas que no cambian.

©Christophe Agou

“En el invierno de 2002, comenzé a documentar la vida y las emociones de los agricultores que viven en la región de Forez, uno de los secretos mejor guardados de Francia. Siempre he tenido un profundo afecto por esta tierra en la que nací y viví hasta los 16 años – una región donde la agricultura y la ganadería han forjado la identidad cultural de los pueblos y se alimenta la imaginación de más de un siglo. 

©Christophe Agou

 En los últimos 6 años, viajé a las partes menos conocidas de este vasto dominio en el que me sentí inspirado por el silencio que he encontrado y trasladado por los hechos y el carisma de la gente que me encontré. Cuanto más veía, más me quería meter de lleno en sus vida y revelar los sentimientos ocultos de su naturaleza. Con el tiempo y a través de un proceso gradual de crear confianza, aceptaron mi ojo curioso y me permitieron fotografiar su diaria existencia. 

©Christophe Agou

 Mi esperanza es presentar una visión personal y poética de la vida llena de gran fuerza, la sabiduría, la nostalgia y el amor. Quiero ir más allá de documentar la autenticidad de su existencia y la vida de mucha mano de obra, para presentar un retrato más profundo y más íntimo. Me encanta esta gente por lo que son y no por lo que dicen. Este proyecto es para mí una meditación sobre la vida y la muerte, el silencio y la soledad que parecen cada vez más presente en nuestras vidas.” 
(Christophe Agou)

©Christophe Agou
©Christophe Agou
Abr 222011
 
En nuestra última reunión de los miembros fundadores de Calle 35, Domingo Venero me estuvo enseñando unas fantásticas fotografías que ha incorporado en su recién inagurada web. Estas imágenes tienen como común denominador el hecho de que aparece el mismo Mingo en ellas, ya sea a través de reflejos, sombras, etc…
Hay que reconocer que esto no es algo novedoso, desde la aparición de la fotografía la gran mayoría de fotógrafos han incorporado este registro en su repertorio, del que me parece que pocos fotógrafos se salvan – me incluyo.

Lee Friedlander publicó en 1970 un libro llamado Self-portrait y cuyo eje discursivo fue exactamente este, en todas las fotografías aparece por activa y por pasiva el mismo Friedlander.

En el prólogo del libro Friendlander comenta que este fue un proyecto que se le fue apareciendo y que empezó inicialmente como retratos directos.

Para ir derivando en retratos en los que aparece a través de sombras, reflejos, etc… y hace un análisis de como cambia una fotografía en las que el mismo fotografo aparece casi como un intruso alterando el discurso de la imagen.

Como homenaje al amigo Friedlander, subo este autoretrato realizado hace 2 días.


Mar 072011
 
American Color es un proyecto realizado por Constantine Manos, fotógrafo de Magnum, dividido en dos libros publicados respectivamente en 1995 y 2010.



Sus premisas son bastante sencillas, se trata de fotografías realizadas en los Estados Unidos que muestren el universo de la sociedad norteamericana, no pretende explicarla sino que más bien se nutre de su realidad.



El mundo de la fotografía y de los fotógrafos es radicalmente subjetivo, al menos las fotografías de los fotógrafos más reconocidos lo son.

Eso de la objetividad en fotografía es una quimera, sólo con encuadrar ya estás opinando, estas eligiendo que es lo que te interesa y lo que no. Los buenos fotógrafos además de saber encuadrar deben saber que es lo que les mueve cuando salen a la calle, saber que es lo que están dispuestos a fotografiar hasta la obsesión mas enfermiza, no hay otro modo.

©Costa Manos

Este es el caso de Constantine Manos en American Color, durante más de 20 años ha estado buscando y encontrando las fotografías que se ajustaban a su proyecto… y menudo proyecto.

©Costa Manos

Sus fotos pertenecen a ese tipo de imágenes que a uno le gustaría hacer, una nueva fuente de inspiración y de aprendizaje.
Si analizamos sus imágenes, una de sus constantes más representativas es no enseñarlo todo, Manos prefiere sugerir.

©Costa Manos

Siempre hay una silueta misteriosa, una mano, una sombra o una situación no explicada totalmente que nutre de misterio sus imágenes. En el fondo no importa lo que hacen sus protagonistas, sino lo realmente importante es que el espectador se pregunte que diantres están haciendo.

©Costa Manos

Por otro lado -y lo más importante- el uso del color en sus fotografías es excelso, rozando lo sublime. Los parques de atracciones, las zonas playeras de la costa este y de la costa oeste son los lugares que ha utilizado Manos para su proyecto.

©Costa Manos

Otro de los recursos fotográficos utilizados es “cortar” la cabeza de las personas, al eliminarlas se borra la identidad de la persona fotografiada y de este modo esa persona podría ser cualquiera, incluso nosotros y de algún modo nos identificamos con el sujeto fotografiado.

©Costa Manos
En la introducción del libro -y hablando de aspectos técnicos- Costa Manos nos afirma que es un “hombre Leica”, su primera cámara ya lo fue y durante toda su carrera es lo que ha utilizado. Para American Color nos confirma que utilizó una M6 y una Leica MP junto a dos longitudes focales, un 28 y un 35mm, la emulsión… la mítica Kodachrome.

Esto fue así hasta el año 2007 en la que realizó la transición al digital y existen algunas fotos -pocas- en el libro, como la que sigue. 

©Costa Manos
En definitiva este es un trabajo puramente fotográfico, mi duda es al ver estas fotografías si el público al que va destinado es quizás demasiado reducido. ¿Es este un libro de fotografías hecho por un fotógrafo destinado a fotógrafos?

©Costa Manos

 A menudo me pregunto si los fotógrafos no estamos demasiado obsesionados en la búsqueda de la imagen perfecta cuando el “lector” de las mismas quizás no está preparada para leerlas adecuadamente o darles el valor que se merecen. 

Podríamos hacer una comparativa con la literatura, no todo el mundo le da el valor que se merece pongamos por ejemplo a “El Quijote“.
En fin, esta quizás es la única duda que me viene a la cabeza al observar un trabajo tan contundente de fotografía de calle.

©Costa Manos
Feb 222011
 
“Women are beatiful” es el título de la exposición fotográfica de Garry Winogrand que se inaugurará mañana miércoles en Foto Colectania. 
La serie está formada por 85 imágenes realizadas entre 1960 y 1975, retratando la transformación del rol de la mujer dentro de la sociedad norteamericana.
Trataré de no explicar lo que ya se hace y bien en otros lugares, aunque si quiero comentar que el grueso del trabajo de Winogrand fue posterior a los trabajos del “New York” de William Klein o de “Los americanos” de Robert Frank.
©Garry Winogrand

Garry Winogrand fué un “street photographer”, compulsivo, obsesivo, tenaz y habilidoso cámara en mano.

“Fotografiar está siempre allí, es una manera de salir de ti mismo”
Con esta reveladora frase nos hablaba de sus crisis personales tras su primer divoricio que le hicieron vivir la fotografía como un proceso liberador. Podía estar sumergido en sus problemas pero el hecho de coger la cámara y salir a sus calles de Manhatan era una forma de liberarse de todo lo que le envolvía y coger aire.
Su forma de trabajar no era diferente a los de los demás “streeters”, salía con unas ideas preconcebidas acerca de que era lo que deseaba fotografiar y dejaba que fuese la calle la que le sorprendiera y le diera la respuesta.
©Garry Winogrand

Algunos iluminados o “profesores de fotografía” hoy desean que esta forma de trabajar desaparezca porque la consideran anacrónica o porque consideran que la única opción válida es el reportaje o porque consideran que no se puede explicar nada a través de este tipo de fotografía, pero su opinión no tienen porqué ser más valiosa que la vuestra si -como es en mi caso- pienso que son ellos los que están equivocados.

©Garry Winogrand

Volviendo al amigo Garry, era un maestro del 28mm, sus imágenes tienen un gran ángulo de visión lo que invita a que existan muchos elementos y puntos de interés dentro de sus fotografías lo que sugiere al espectador descansar en sus imágenes…  reposar en ellas.
Cuanto más tiempo las miras, más cosas ves.

©Garry Winogrand
La imagen previa simplemente me encanta, no es de sus fotos más conocidas  lo reconozco pero me ha impactado. Observadla, volved a mirarla… la mirada furtiva de la chica fijada para siempre en ése instante, siendo besada… una mirada  si queréis desafiante… y la de la otra chica observando como un “tipo” hace la “locura” de hacer una fotografía es simplemente mágica. Me transporta a ese momento y a ese lugar, o sea  New York (before 1976).

Preguntas, esta fotografía no para de hacernos preguntas…

Pero… ¿que será de sus protagonistas? ¿seguirán vivos? ¿se casaron? ¿duraron mucho tiempo juntos?

Siguiendo con aspectos formales, quizás el mayor problema del gran angular es la distorsión de las lineas que Winogrand minimizaba dando una ligera inclinación a la cámara lo que sin duda aporta un mayor dramatismo a sus imágenes.

©Garry Winogrand

Esa inclinación se repite en el transcurso de toda su trayectoria como un recurso habitual, como en la imagen previa en la que aparece un vagabundo a punto de recibir limosma de un donante misterioso. Al darle este efectivo desnivel sugiere nuestra incomodidad con quién avanza hacia nosotros pidiendo dinero, como si lo quisiéramos evitar.

©Garry Winogrand

No todas las fotografías de Winogrand fueron hechas en New York, pero es que esa ciudad da tanto de sí… Muchas de sus imágenes más reconocidas se situan en esa isla como esta en la que una pareja interracional sostiene a dos chimpancés en el zoo de Central Park. ¿no es suficiente mala leche? Recordad que estamos hablando del año 1964.

©Garry Winogrand

En fin, podríamos seguir y seguir porqué su trabajo es muy amplio y da para 4 o 5 posts como este…  pero prefiero dejarlo aquí con otra de mis favoritas.
Otra foto que al verla de nuevo hace que no deje de interrogarme:
¿que pondrá en ese papel?
¿era de un amante?
¿por qué la chica se abstrae de su baile y le da mayor importancia a esas palabras escritas?

©Garry Winogrand

En definitiva, para mi las fotos de Winogrand son … preguntas en forma de rectángulo.